Imagotipo Rosa Barocio Imagotipo pequeño Rosa Barocio

Regáñame y castígame, pero ¡no me ignores!

admin

Pensamos que lo contrario al amor es el odio, y no es así, es la indiferencia. Por eso el hijo muchas veces prefiere ser reprendido y maltratado a sentirse abandonado.

Una madre fue al supermercado y vio una bolsa de malvaviscos pequeños que sabía le gustaban mucho a su hijo de 5 años. Los compró y al llegar a casa y entregárselos, le sorprendió que su hijo le preguntara,  Porqué me los compraste mamá, porque hoy me porté bien en la escuela, o por que comí bien o porque…  La mamá lo interrumpió y le dijo, No, hijo, te los compré simplemente porque te quiero mucho.

La madre me confesó que no se había dado cuenta lo condicionado que tenía a hijo de premiarlo por todo lo que hacía, y que lo que más la había conmovido, era que había guardado la bolsa de malvaviscos como un tesoro, y no se los había comido.

Lo que más necesita un hijo de sus padres es su amor que se expresa a través de la atención que le dan. El niño sabe que su sobrevivencia depende de que sus padres lo tomen en cuenta, y por eso buscará llamar su atención por las buenas o por las malas, es decir, a través de complacerlos o hacerse el simpático, pero si no le funciona, lo intentará a través de molestar, hacer berrinches, fastidiar o lastimar.

El mensaje es claro:

Yo necesito tanto tu cariño que estoy dispuesto a conformarme con la atención que recibo cuando me gritas, me insultas o regañas. Sí, prefiero ser humillado e incluso golpeado a ser ignorado.

Pensamos que lo contrario al amor es el odio, y no es así, es la indiferencia. Por eso le duele tanto al hijo el abandono, y puede preferir ser regañado y castigado a no sentirse visto. Puede estar tan hambriento de atención que se conforma con las migajas de la irritación y la impaciencia.

Un joven de 14 años al llegar al colegio lastimado le cuenta a su compañera que había discutido con su padre, y éste lo había empujado por la escalera. Ella le responde, Pues tienes más suerte que yo, a ti por lo menos te golpean, yo, en cambio, no les importo.

Cuando un niño o joven se acostumbra a provocar a los demás para ser notado, su conducta desgraciadamente nunca le da lo que tanto busca: aceptación y cariño. Termina alejando lo que más falta le hace para acabar recibiendo a cambio: frustración, enojo y rechazo. Si observamos a los que llamamos problemáticos, indisciplinados e inclusive delincuentes, lo que piden a gritos es comprensión. Cuando hay una persona que se los brinda, se transforman. Es la falta de conexión y la desesperanza la que los lleva a la rebeldía, la venganza y la violencia.

Tu hijo necesita de tu tiempo y tu atención. Detente y haz un espacio para conectar con él y que sepa que tiene un lugar en tu vida. Entonces concluirá, Si los seres más importantes en mi vida, mis padres, me quieren, eso quiere decir que soy digno de ser querido. Soy querible. Así podrá relajarse y sentirse asegurado de tener lo más importante en su vida: tu amor.

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