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Maestro ¡educa con el corazón!

Rosa Barocio

Tiempos inciertos y cambiantes exigen una nueva manera de educar.

Estamos viviendo una época de grandes retos que nos presenta nuevos cuestionamientos sobre la educación:

  • ¿Puede el maestro seguir educando como las generaciones pasadas?
  • ¿A que retos nuevos se enfrenta? ¿La juventud actual es igual a la de antaño?
  • ¿Qué puede aportar el maestro para transformar de manera positiva al tejido social?

 

La desintegración familiar, el incremento en madres que trabajan, la inseguridad social y los avances tecnológicos, influyen de manera decisiva en las nuevas generaciones. Estos cambios exigen que el maestro se actualice para educar  ¡a través del corazón! Sólo así podrá prepararlas para un mundo incierto y cambiante.

Educar con el corazón es ver más allá de las apariencias,  del comportamiento y de las limitaciones del alumno.  Cuando el maestro logra acercarse libre de prejuicios y expectativas, entonces, tiene la oportunidad de que le muestre quién es. Toca  aquello que lo hace diferente y único y despierta su interés por aprender.

La cabeza razona y analiza pero es el corazón el que comprende, el que entusiasma y el que inspira. El que aprecia lo que realmente tiene significado y hace a un lado lo intranscendente. Es el corazón el que valora y ama. Educar con el corazón significa, por lo tanto, educar en el amor.

¿Cómo podemos educar amorosamente para ayudar a cultivar la autoestima del alumno? Primero que nada, conectando con las emociones. Dándoles un lugar en vez de ignorarlas, negarlas o taparlas; porque al reprimirlas, nos tornamos irritables e impacientes.

Cuando corregimos con gritos, insultos o  humillaciones, además de lastimar la  autoestima del alumno, le enseñamos a repetir lo mismo. Es así como ¡perpetuamos las cadenas de maltrato!

Educar con el corazón también quiere decir conectarnos con el anhelo de crecer y ser mejores personas. Contagiarle al alumno el entusiasmo y la pasión por vivir y el aprecio y la gratitud por la vida.

Ser un maestro ¡es un privilegio! Nos da la oportunidad de abrir nuestros corazones para ¡dar lo mejor de nosotros mismos!

 

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